LA ENVIDIA

Marco Tulio Cicerón (106-48 a. C) , extraordinario orador , filósofo y político romano , señaló : «Nadie que confía en sí envidia la virtud del otro» . Posiblemente ésa sea una función de la envidia : ponernos de cara a nosotros mismos , llevarnos a desarrollar nuestros recursos , fortalecer el sutil e impalpable músculo de la autoestima . Negar la envidia cuando la sentimos puede privarnos de un interesante y enriquecedor proceso de autoexploración . Y sentir envidia no significa necesariamente , desear el mal o el fracaso o el dolor del otro . Porque sí hay una envidia «sana» , como suele decirse . Es aquella que  sin reprimir el dolor por lo que no logramos , puede reconocer mérito en el logro del otro. Otra cosa es entender ese éxito ajeno como algo personal , que «se nos hace» . Eso abre el camino del resentimiento , desgasta , nos saca de nuestro eje y no tiene solución , porque no podemos ser el otro , sino quienes somos . Hay , sí , quienes ostentan sus logros con fines de humillación . Pero ése es otro tema . El de la soberbia , que empequeñece cualquier éxito y lo vacía de sentido . Con frecuencia se ha descrito la envidia como manifestación de una maldad innata en el ser humano . Es una interpretación dualista , que califica las emociones en negativas y positivas . Se cree que de esa manera , se pierden mensajes importantes y necesarios que las emociones suelen traernos al manifestarse . Para quien no la barre debajo de la alfombra (actitud que sólo lo llevará a convivir con ella en malas condiciones ) , la envidia puede ser también una oportunidad .

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