Juana de Ibarbourou.

La poesía de Juana de Ibarbourou merece el encuentro directo, voraz y apasionado con un lector no condicionado por la escuela o el mito. Ahora que parece llegado el tiempo del fin de las reverencias y de las adhesiones afectivas previas,tal vez sea el momento de la lectura solidaria. Esa que se siente furtiva, porque siempre está transgrediendo algo que se debe hacer o con lo que se debe cumplir.Aunque sea muy conocida, es necesario hacer un poco de historia. Las Lenguas de diamante(1919), El cántaro fresco(1920), Raíz salvaje(1922):la trilogía inicial de la obra de Juana, mereció el inmediato y entusiasta reconocimiento de crítica y público. Su obra creció y se transformó, pero sus lectores se mantuvieron fervorosamente fieles a esa zona de su obra y a su libro de prosa infantil Chico Carlo(1944). La otra poesía de Juana, menos solicitada por el público aunque valorada por la crítica, es tal vez menos luminosa que la primera y más difícil, pero forma con esta una unidad que es la que hoy queremos subrayar.

Uno podría preguntarse por qué la sociedad uruguaya de los veinte aplaudió lo prístino, lo salvaje, lo primitivo. Por qué del conjunto complejo que es la obra de Juana desde su comienzo, se hizo ese primer recorte de lectura, de cuya impronta todavía no ha podido desprenderse. ¿ Era una manera de integrar lo criollo a una sociedad ya predominantemente cosmopolita y ciudadana?¿La confianza en el progreso necesitaba del entusiasmo de esa voz que era afirmación vital de lo individual?¿Una mujer hermosa y creadora era el símbolo más sugerente de un Uruguay que se proyectaba hacia América sin conflictos?

En su «Autobiografía lírica», un discurso pronunciado en 1956, Juana puntualizó que de sus libros solo Las lenguas de diamante, El cántaro fresco y Raíz salvaje»conocieron la pasión del público lector. Fueron los más espontáneos y hasta a veces los menos comprendidos. El adjetivo erótico se prendió a esos poemas como un moscón salido de esa carniza.Fueron hechos por un ser que aún no había sido arrojado del paraíso….»! Anota un malentendido, y refuerza una línea de interpretación de su poesía que en cierta medida da sustento a ese mismo malentendido. El paso del tiempo y las muertes cercanas marcan el fin de su «paraíso»:la infancia,la juventud y los afectos enteros. Pero lo cierto es que en las obras construidas por Juana cuando todavía era una habitante del edén, también anida la serpiente.El miedo,el temor a la muerte,la conciencia de la fugacidad, el ansía de aventura, la angustia, la melancolía integran una misma sensibilidad, desde la que canta a la vida,a la naturaleza,al amor.

Juana de Ibarbourou, nació en Melo, capital del departamento de Cerro Largo, Uruguay. Un 8 de marzo de 1892, sus apellidos paternos Fernández Morales. Se casó a los veinte años, con el capitán Lucas de Ibarbourou del cuál adoptó el apellido con el que firmaría su obra.Tres años después se trasladó a Montevideo, donde vivió hasta su fallecimiento el 15 de julio de 1979.

El 10 de agosto de 1929 recibió, en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, el título de «Juana de América»de la mano de Juan Zorrilla de San Martín frente a una multitud de poetas y personalidades. Fue enterrada con honores de Ministro de Estado en el panteón de su familia del Cementerio del Buceo.

Fuente: Selección de Poesía de Carina Blixen.

 

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