Atraes lo que no sanas, no porque lo merezcas… sino porque tu mente se acostumbra a lo familiar, incluso cuando duele.
El cerebro aprende por repetición. Y si viviste abandono, rechazo o desamor, inconscientemente puedes sentirte «en casa» en ese mismo patrón, aunque te lastime.
No es destino. Es programación emocional.
Hasta que un día decides detenerte, observar tus patrones y hacer algo diferente. Porque cuando sanas lo que te rompió, también rompe el ciclo que lo repetía.
Y entonces algo cambia. Ya no atraes desde la herida… atraes desde la conciencia.
Fuente– Rodolfo Ugarte.

Guper.
