¿Quién dijo que la creatividad tiene fecha de caducidad?. Hay quienes creen que la literatura es un juego de jóvenes impetuosos, pero la historia de Ida Vitale nos demuestra que las palabras, como el buen vino, necesitan décadas de silencio para alcanzar su verdadera graduación alcohólica.
Imagina a una mujer menuda, de ojos vivaces y una sonrisa que desafía a los siglos, subiendo al estrado para recibir el máximo galardón de las letras hispanas, el Premio Cervantes, a la edad de 95 años. Ida no llegó allí por azar, llegó cargando una maleta llena de exilios (huyó de la dictadura uruguaya a México), de pérdidas y de una curiosidad botánica por el mundo que nunca se marchitó.
